El mieloma múltiple es un cáncer que se forma en las células plasmáticas, un tipo de glóbulos blancos. Las células plasmáticas sanas ayudan a combatir las infecciones al producir anticuerpos (proteínas especiales) que reconocen y atacan a los microbios.
En el mieloma múltiple, las células plasmáticas cancerosas se acumulan en la médula ósea, lo que impide la producción de células sanguíneas normales y sanas. En lugar de producir anticuerpos útiles, estas células cancerosas producen una proteína anómala denominada proteína monoclonal o proteína M, que puede causar complicaciones. En algunas personas, las células plasmáticas cancerosas solo producen una parte de la proteína anómala. Esto se denomina “cadena ligera libre”.
Signos y síntomas
Los signos y síntomas del mieloma múltiple pueden variar considerablemente en función de la persona. Los síntomas más habituales de la enfermedad son:
Dolor óseo, especialmente en la columna vertebral o en el pecho
Náuseas
Estreñimiento
Pérdida de apetito
Desorientación o confusión mental
Fatiga
Infecciones frecuentes
Pérdida de peso
Debilidad o entumecimiento en las piernas
Sed excesiva
¿Cuáles son los factores de riesgo del mieloma múltiple?
Aunque se desconoce la causa exacta del mieloma, se sabe que los siguientes factores están asociados con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
Aumento de la edad: su riesgo de desarrollar mieloma múltiple aumenta a medida que envejece y a la mayoría de las personas se les diagnostica al promediar su sexta década de vida.
Sexo masculino: los hombres son más propensos a desarrollar la enfermedad que las mujeres.
Antecedentes familiares: las personas con un padre, hermano o hijo que tiene mieloma tienen hasta el doble de probabilidades de desarrollar la enfermedad en comparación con aquellos que no tienen antecedentes familiares.
Raza y origen étnico: las personas de raza negra o de origen africano tienen más probabilidades de desarrollar mieloma múltiple que las personas de raza blanca o asiática. Una posible razón para ello es que las personas de origen africano tienen una mayor probabilidad de desarrollar un trastorno sanguíneo denominado gammapatía monoclonal de significado incierto (GMSI).
La GMSI es una afección en la que el organismo produce una proteína anómala, denominada proteína M, dentro de la médula ósea, que es el tejido blando que se encuentra en el interior de la mayoría de los huesos y que produce la sangre. La GMSI se manifiesta con mayor frecuencia en hombres de edad avanzada y, aunque normalmente no causa problemas, puede provocar enfermedades más graves, como el mieloma múltiple. Las personas que tienen GMSI deben realizarse revisiones periódicas para que puedan recibir tratamiento en una fase temprana si la afección evoluciona.
Es importante destacar que no todas las personas que tienen GMSI desarrollan mieloma múltiple. Sin embargo, todas las personas con mieloma múltiple han tenido GMSI antes de desarrollar cáncer.
Tipos de mieloma
Como se ha señalado anteriormente, la primera etapa del mieloma es una afección benigna llamada gammapatía monoclonal de significado incierto (GMSI). En esta etapa, el nivel de proteína M en sangre es bajo y no causa síntomas ni problemas para la persona. De hecho, la mayoría de las personas con GMSI no saben que padecen esta afección. Solo el 20 % de las personas diagnosticadas con GMSI acaban desarrollando mieloma múltiple a lo largo de su vida.
El mieloma múltiple asintomático (MMA) es un estado intermedio entre la GMSI y el mieloma múltiple. Al igual que ocurre con la GMSI, el MMA no presenta ningún síntoma y, por lo general, el médico que se encarga de las revisiones rutinarias es quien lo diagnostica. Sin embargo, a diferencia de la GMSI, las personas con MMA tienen hasta un 60 % de células plasmáticas anómalas en la médula ósea. En cambio, las personas con GMSI tienen un máximo del 10 % de células anómalas. La cantidad de proteína M en las personas con MMA también es superior a la de aquellas que padecen GMSI.
El mieloma múltiple es la etapa final del mieloma y se diagnostica por la presencia de células plasmáticas anómalas en la médula ósea y de indicadores activos de la enfermedad (lo que significa que el mieloma múltiple está causando daños en el organismo de la persona). Estos indicadores pueden incluir el aumento del nivel de calcio en la sangre (lo que se conoce como hipercalcemia), daños renales (los riñones pierden capacidad para filtrar y purificar la sangre), un recuento bajo de glóbulos rojos (lo que se conoce como anemia) y/o daños óseos.
¿Cuáles son las complicaciones del mieloma múltiple?
Infecciones frecuentes: el mieloma múltiple reduce la capacidad del organismo para combatir las infecciones. Esto se debe a que, en lugar de producir células sanas que puedan ayudar al sistema inmunitario, la médula ósea de un paciente con mieloma múltiple produce células cancerosas.
Anemia: la mayoría de las personas con mieloma múltiple tiene anemia, una afección caracterizada por una producción insuficiente de glóbulos rojos sanos para transportar el oxígeno necesario a todo el cuerpo. Lo anterior se produce porque la médula ósea de un paciente con mieloma múltiple produce células cancerosas que acaban desplazando a los glóbulos rojos sanos producidos. Lo que puede provocar que la persona se sienta débil y cansada.
Daño óseo: el mieloma múltiple también puede dañar o debilitar los huesos, lo que provoca dolor óseo, fracturas óseas y osteoporosis, una afección que provoca huesos frágiles y delgados. Eso sucede cuando las células del mieloma que aumentan rápidamente forman crecimientos o masas en la médula ósea y causan un daño físico en el hueso. Las células cancerosas del mieloma también crean sustancias que reducen la capacidad del organismo de formar nuevo tejido óseo, lo que reduce la posibilidad de reparar los huesos dañados.
Hipercalcemia: el daño óseo causado por el mieloma múltiple puede provocar hipercalcemia, una afección en la que el nivel de calcio en la sangre es más alto de lo normal. Esta afección se produce porque, como los huesos están dañados, el calcio se filtra de los huesos al torrente sanguíneo. Tener altos niveles de calcio en sangre puede provocar el coma o un infarto.
Problemas renales: aproximadamente la mitad de las personas con mieloma múltiple tienen daño renal. Si los riñones están dañados, es posible que se perciba una disminución en la cantidad de orina producida. Los análisis de sangre pueden mostrar niveles elevados de creatinina, una proteína que los riñones sanos suelen filtrar.
Problemas cardíacos y pulmonares: el mieloma múltiple también lo pone en riesgo de desarrollar problemas cardíacos y pulmonares, como coágulos de sangre, hipertensión pulmonar, insuficiencia cardíaca y latidos cardíacos irregulares. El riesgo de desarrollar estos problemas es mayor en personas que padecen hipertensión arterial, diabetes tipo 2 o colesterol alto.
¿Cómo se diagnostica el mieloma múltiple?
El mieloma múltiple a menudo se diagnostica cuando el médico lo detecta accidentalmente durante un análisis de sangre rutinario o una prueba para otra afección. También se puede diagnosticar si el médico sospecha que el paciente podría tener mieloma múltiple según sus signos y síntomas.
Las pruebas y los procedimientos utilizados para diagnosticar el mieloma múltiple incluyen:
Análisis de sangre: los análisis de sangre de laboratorio pueden revelar la presencia de proteínas M producidas por las células del mieloma, así como la presencia de cadenas ligeras libres anómalas (una parte de la proteína M). Aproximadamente el 20 % de las personas diagnosticadas con mieloma múltiple no presentan signos de la presencia de proteínas M en sangre, lo que significa que las cadenas ligeras libres son el único elemento detectable de las células plasmáticas cancerosas. Además, los análisis de sangre destinados a examinar la función renal, los niveles de calcio, los niveles de ácido úrico y los hemogramas pueden darle al médico más indicios sobre el diagnóstico.
Análisis de orina: el análisis de orina puede mostrar proteínas M, también conocidas como proteínas de Bence Jones, cuando se detectan en la orina. La cantidad de proteína en la orina es un buen método para que los médicos puedan saber qué volumen de proteína no se está filtrando en los riñones como resultado del daño causado por el mieloma múltiple.
Examen de la médula ósea: su médico puede extraer una muestra de médula ósea para un análisis de laboratorio. La muestra se obtiene mediante una punción con una aguja larga en un hueso de la pelvis (procedimiento que se conoce como aspiración y biopsia de la médula ósea). En el laboratorio, la muestra se examina para detectar células de mieloma. Las pruebas especializadas, como la hibridación fluorescente in situ (FISH), pueden analizar células de mieloma para identificar mutaciones genéticas. También se pueden tomar muestras de médula ósea para evaluar la remisión (disminución o desaparición de los signos y síntomas) de la enfermedad después del tratamiento, que puede no medirse mediante pruebas estándar. Estas muestras se analizan mediante pruebas especializadas para detectar cualquier cantidad pequeña restante de células de mieloma, también conocida como enfermedad residual mínima (EMR). Para obtener más información sobre las pruebas de EMR, vea un breve video aquí.
Diagnóstico por imágenes: las pruebas de diagnóstico por imagen pueden recomendarse para detectar problemas óseos (como fracturas, perforaciones en los huesos o pérdida de la densidad ósea) asociados con el mieloma múltiple. Entre las pruebas pueden incluirse las radiografías, la resonancia magnética (RM), la tomografía computarizada (TC) o la tomografía por emisión de positrones (TEP). Las pruebas por imágenes también son importantes para detectar si las células de la médula ósea están creciendo fuera de los huesos (presionando un nervio y causando dolor) o si hay bultos de células de mieloma que crecen de forma autónoma en otras partes del cuerpo que no sean el hueso.
¿Cuáles son las opciones de tratamiento para el mieloma múltiple?
Existen muchas opciones diferentes para tratar el mieloma múltiple. El medicamento o la combinación de medicamentos que el médico decida utilizar dependerá de diversos factores, incluidos los siguientes:
edad,
estado de salud general,
condición física general,
medicamentos utilizados anteriormente,
si el paciente es candidato a un trasplante de células madre, y
el grado de agresividad de la enfermedad.
Actualmente, los tratamientos para el mieloma múltiple incluyen:
Trasplante de células madre (también llamado trasplante de médula ósea): es un procedimiento en el que se recogen células sanas formadoras de sangre (llamadas células madre) y se reintroducen en el torrente sanguíneo del paciente después de que se hayan administrado tratamientos contra el cáncer como la quimioterapia.
El trasplante de células madre suele administrarse después de varios ciclos de quimioterapia (denominados tratamiento de inducción), cuyo objetivo es destruir el mayor número posible de células cancerosas anómalas en el organismo. Antes de que un paciente se someta al tratamiento de inducción, se extraen células madre de su sangre con una máquina similar a la máquina de diálisis renal. A continuación, el paciente pasa por otra ronda de tratamiento de quimioterapia de dosis alta para destruir cualquier célula cancerosa que pudiera permanecer en el cuerpo después del tratamiento de inducción. Este proceso es muy efectivo para destruir las células cancerosas anómalas, pero también causa un daño significativo en las células sanas de la médula ósea y de otros lugares del organismo. Una vez que el paciente completa el período de tratamiento de inducción, las células madre previamente extraídas se transfunden nuevamente en el organismo (a través de un proceso similar a una transfusión de sangre), donde se desplazan al hueso para empezar a reconstruir la médula ósea y ayudar al organismo a acelerar la recuperación del tejido sano. El proceso de utilizar las células madre del paciente para un trasplante se denomina trasplante autólogo. Este tipo de trasplante es un tratamiento estándar para el mieloma múltiple y, aunque puede hacer que la enfermedad desaparezca por un tiempo (periodo llamado remisión), no es una cura para el mieloma múltiple.
En casos poco frecuentes, a algunos pacientes se les ofrece un tipo diferente de trasplante de células madre llamado trasplante alogénico, a través del cual el paciente recibe células madre de un donante, generalmente un pariente cercano, como un hermano o una hermana. En este caso, las células madre se extraen de la sangre o de la médula ósea del hueso coxal del donante, o de la sangre de un cordón umbilical donado. Antes de someterse a un trasplante alogénico de células madre, el paciente recibe un tratamiento inmunosupresor o radiación (llamado periodo de acondicionamiento) para preparar la aceptación de las células madre del donante. Las células madre del donante se expanden y generan un nuevo sistema inmunitario que reemplaza al del paciente. Este nuevo sistema inmunitario es responsable de detectar y destruir las células del mieloma. El tipo de tratamiento que un paciente recibe durante el periodo de acondicionamiento depende de su enfermedad y de su caso en concreto. Los trasplantes alogénicos tienen más riesgos que los trasplantes autólogos y, en la actualidad, no se consideran un tratamiento estándar para el mieloma múltiple.
Quimioterapia: son medicamentos que utilizan químicos potentes para destruir todas las células de crecimiento rápido, como las células cancerosas, en el cuerpo.
Medicamentos de inmunoterapia: son un tipo de medicamento que refuerza el sistema inmunitario del organismo para combatir el cáncer. Utilizan sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio para mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario en lo que respecta a la detección y la destrucción de células cancerosas. Los anticuerpos monoclonales son un ejemplo de medicamentos de inmunoterapia.
Radioterapia: utiliza haces de energía de alta potencia de fuentes como los rayos X para destruir las células cancerosas. La radioterapia se puede utilizar para reducir las células del mieloma en un área específica, como un tumor que esté causando dolor o destruyendo el hueso.
Inhibidores del proteosoma: son un tipo de medicamento que bloquea la capacidad de las células del mieloma para funcionar apropiadamente, lo que provoca su propia muerte celular.
Fármacos inmunomoduladores: son medicamentos que aumentan la capacidad del propio sistema inmunitario del organismo para reconocer y destruir las células del mieloma.
Corticosteroides: son medicamentos que regulan el sistema inmunitario para controlar la inflamación en el cuerpo. Por lo general, se administran en combinación con otros medicamentos, como la inmunoterapia, los fármacos inmunomoduladores o la quimioterapia, ya que tienen algunos efectos anticancerígenos y pueden ayudar a controlar los efectos secundarios de otros medicamentos.
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